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viernes, 25 de febrero de 2022

Casa de la Cultura

 CENTRO SOCIOCULTURAL “GARCÍA DE LA HUERTA”

 


Ubicada en un edificio del siglo XIX, en la calle Huelva nº 14, nos encontramos con la Casa de la Cultura de Zafra. Centro Sociocultural que lleva el nombre del poeta y dramaturgo español, nacido en Zafra, Vicente García de la Huerta (1) y Sede de la Universidad Popular de Zafra.

La mansión, propiedad de la familia Martínez-Salazar, fue adquirida por el Ayuntamiento de Zafra en 1982.

Una antigua vivienda de grandes proporciones, remodelada hacia 1860 y transformada hoy en día en la Casa de la Cultura. 





En su interior, nos recibe un hermoso patio que da acceso a las distintas habitaciones, decorado con arcos de medio punto, con una fuente de mármol en el centro. El bello patio es de corte clásico con galerías sustentadas por columnas de mármol en dos estilos. Construido en el siglo XIX, aproximadamente en los años que fue derribado lo que quedaba del Convento de San Benito, es presumible que estas series de columnas provengan de los restos de aquel monasterio franciscano.

Destaca el mirador de hierro forjado característico del urbanismo zafrense del siglo XIX y principios del XX.


 

 






















Según nos cuenta el zafrense Blas Toro Fernández en su libro “Urbanismos y Arquitecturas Aristocráticas y de Renovación Burguesa en Zafra (1850 - 1940)” editado en 1994: 
En general, el emplazamiento donde se alberga esta construcción se define por la homogeneidad del diseño de las fachadas en toda la calle Huelva, con artísticos cierres o miradores de hierro y cristal. Este elemento, decorativo, se impuso con fuerza en el siglo XIX y principios del XX apareciendo muy repetidos en la localidad.


La fachada se divide en calles con un cuerpo de remate en el que se acentúa la decoración con jarrones cerámicos sobre pedestales y paño de baranda ciego.

A diferencia de otros edificios para viviendas de Zafra, donde predomina el eclecticismo en la arquitectura, tendencia basada en la mezcla de diferentes elementos aunando todos ellos en conjunto (estilos y épocas de la decoración), esta vivienda no sigue propiamente ningún estilo ni eclecticismo. Destaca por su simetría, el volado de ventanas y la escasa ornamentación que se resume en un cornisamento que sirve de transición a un paño ciego, en lo más alto de la fachada, donde se suelen apoyar imitaciones de jarrones cerámicos característicos de esta arquitectura zafrense.

 




(1)    Vicente García de la Huerta. Zafra (Badajoz), 1734 – Madrid, 1787. Dramaturgo y poeta español. Trabajó en la Biblioteca Real, como archivero del Duque de Alba. Bajo la protección del duque de Alba, ingresó en la Academia Española, de la Historia y en la de San Fernando. Utilizó el seudónimo de Francisco Lelio Barriga. Pasó diez años como preso político en la colonia de Orán, como consecuencia de unas coplas satíricas que escribió y dirigió contra el conde de Aranda. En este cautiverio escribió su más destacada obra, su tragedia más famosa Raquel, estrenada en Barcelona en 1775, está considerada como la mejor muestra del teatro neoclásico español. obra dramática más importante del siglo XVIII español y que se atiene a las reglas dramáticas neoclásicas. A pesar de que García de la Huerta era un defensor de los principios neoclásicos, Raquel consta de tres actos y no de cinco, como marcaba la preceptiva, los personajes están dotados de gran fuerza y pasión, aunque no sea para dar más importancia a la acción. Se estrenó en Barcelona en 1775 y en Madrid en 1778; su argumento es el trágico amor de una judía de Toledo por Alfonso VIII y el asesinato de la misma a manos de los vasallos del Rey.
Más tarde, García de la Huerta fue desterrado a Granada y sufrió siete nuevos años de presidio, tras lo cual se trasladó a Madrid, donde pasó estrecheces económicas.
Publicó también Agamenón vengado, adaptación de la Electra de Sófocles, y tradujo a Voltaire. Otras obras suyas Tragedias y Odas poéticas, Biblioteca militar española. Editor de una poca acertada antología del teatro español en 16 volúmenes (Teatro español, 1785-1786), se le reprochó su supuesta falta de formación intelectual.  Durante toda su vida estuvo envuelto en frecuentes polémicas y fue objeto de sátiras por parte de sus contemporáneos. A pesar de su escasa obra poética, parte de la crítica considera a García de la Huerta un destacado precursor del romanticismo español, debido a la fuerza de carácter que imprimió a sus personajes, algo alejados ya de la normativa clasicista.

 

    Placa en Calle Almendro

 

Vicente García de la Huerta en la Real Academia Española

El 20 de mayo de 1760 ocupaba su asiento en la RAE el erudito y escritor Vicente García de la Huerta, que había sido admitido como supernumerario cinco años antes, el 27 de febrero de 1755.

Nacido en Zafra (Badajoz) el 9 de marzo de 1734, García de la Huerta estudió Gramática y Artes en la Universidad de Salamanca y en 1755, a los veintiún años, publicó su primera obra, el poema heroico Endimión, dedicado al duque de Huéscar. García de la Huerta fue una personalidad muy destacada en el mundo de las letras del siglo XVIII; tras estudiar en Salamanca se estableció en Madrid como archivero de su amigo y protector Fernando de Silva Álvarez de Toledo, duque de Alba, director de la RAE desde 1754 hasta 1776.

En 1766 viajó a París acompañando al duque, donde escribió coplas y cartas jactanciosas que provocaron el enojo del conde de Aranda y que le valieron el destierro al Peñón de Gibraltar primero y a Orán (Argelia) después, donde permaneció hasta el ministerio de Floridablanca en 1777. En el destierro dio forma a su tragedia Raquel, estrenada en Barcelona en 1775 y en Madrid en 1778. Defensor acérrimo de los valores éticos y estéticos del siglo anterior, con Raquel García de la Huerta volvía a ensalzar los esquemas clásicos y los valores heroicos del teatro tradicional.

Entre 1785 y 1786 publicó los dieciséis volúmenes de su obra Theatro hespañol, donde compiló una antología de comedias españolas del Siglo de Oro y de principios del siglo XVIII y en cuyo prólogo arremetió contra el clasicismo francés y sus seguidores. García de la Huerta - «de natural altanero y soberbio» (La Real Academia Española, p. 67) - se granjeó una vez más los abucheos de la crítica, entre los que figuraban autores de la talla de Jovellanos, Forner, Moratín e Iriarte.

Sin embargo, pese a las críticas que siempre lo acompañaron, el académico cosechó numerosas distinciones y fue elegido miembro, además de La Real Academia Española, de las Reales Academias de la Historia, de la de Bellas Artes de San Fernando y de la de Buenas Letras de Sevilla.

En la RAE asistió a casi todas las juntas académicas y se encargó, junto a Blas Nasarre, de la compra de la biblioteca particular del primer secretario, Vicencio Squarzafigo, tras su muerte en  1737. Aquella adquisición supuso un hito para la Academia que destinó, desde entonces, una cantidad de trescientos ducados a sus presupuestos para la adquisición de libros.

Vicente García de la Huerta murió en Madrid el 12 de marzo de 1787, tras haber ocupado el sillón N de la RAE durante veintisiete años.

  • La Real Academia Española, 1999, Alonso Zamora Vicente (p.67- 68).

Nuria Biosca

sábado, 17 de julio de 2021

La Leyenda de Leonarda

LEONARDA O EL MERCADER DE ZAFRA

El Mercader de Zafra es un bello romance del que surge la historia recreada en “La Leyenda de Leonarda”, pero antes de contarla quisiera ir más atrás en el tiempo. Nos vamos a Zafra, sobre mediados del siglo XVII para ponernos, brevemente, en situación.

En la villa de Zafra, donde se desarrolla la mayor parte de la historia de Leonarda, el gremio de los poderosos mercaderes se extendía de forma generalizada y abundaban los destacamentos militares, incluso con nacionalidad inglesa, acompañantes de don Juan José de Austria quién tuvo su estancia en esta ciudad durante la guerra con Portugal.

Los personajes y hechos a los que se refiere el romance forman parte de lo acontecido en Zafra en esa época y así lo recoge este poema perteneciente al romancero extremeño.

Aquellos romances que sólo se propagaban oralmente estaban expuestos a ser modificados según quienes los recitaran o corrían el riesgo de desaparecer. El hecho de que estas historias perduren hoy en día hay que agradecérselo a las personas que se han preocupado de transmitirlas de alguna forma, como es el caso de Bonifacio Gil con su libro de recopilaciones “Cancionero Popular de Extremadura” del que está tomado este romance. 

A mi padre, don Antonio

y a mi madre, doña Juana

y por gusto de padrinos

a mí me llaman Leonarda.

He llegado a 15 años

con regalo de mi casa

dispusieron de casarme

con un mercader de Zafra.

Y yo los he respondido

que no me traten de nada

que soy muy pequeña y niña

muy pequeñita y muchacha.

Y tengo mis ojos puestos

y entregadita mi alma

en el más bizarro mozo

que pasea en la Atalaya

toda la noche le tengo

centinela a mi ventana.

El mercader que lo supo

salió una noche de Zafra

para matar a mi amor

según la intención llevaba.

Y yo, como leona herida

y yo, como leona brava

me puse un vestido de hombre

un ceñidor de dos bandas

con mi caballo ligero

me eché por la puerta falsa.

Él corría a rienda suelta

él corría que volaba

y di vueltas a la ciudad

y no pude encontrar nada.

Al fin le vine a encontrar

a la puerta de mi casa

le tiré un carabinazo

que a Dios entregó su alma.

Desde allí me fui a Llerena

sin reconocer ventaja

allí me puse a servir

con don Pedro Nieto Llama

para comprar y vender

todo lo que me entregaba.

Al punto me hizo un vestido

de damasco de Granada

que todas cuantas me veían

quedan de mi enamorada.

Hasta la propia señora

de mí queda enamorada.

Estando un día de siesta

recogidita en mi cama

vi en mi sala una sombra

que para mí se acercaba.

La enseñé mi pecho blanco

que al verle se embelesaba

se me ponen las mejillas

como rosas encarnadas.

Con la soga de un caldero

me eché por la ventana.

De allí me fui a Badajoz

sin reconocer ventaja

y cogí catorce ingleses

que de mí se embelesaban.

De que me ven tan valiente

por capitán me nombraban.

Ya camina el regimiento

ya camina para Zafra.

Para ver los míos padres

que es cosa muy deseada

he pedido alojamiento

de alojamiento en mi casa.

Estando un día comiendo

la patrona me miraba:

- ¿Qué me mira usted patrona,

qué me mira usted a la cara?

- ¿Qué quiere usted que le mire

qué le mire yo a la cara?

Que esos dos hermosos ojos

son de mi hija Leonarda

- Esa mujer que usted dice

en Badajoz fue nombrada.

 Se cayó la madre al suelo

de triste y desconsolada.

- Levante la madre mía

levante la madre amada

Dígame, ¿don Alonso,

don Alonso dónde para?

- Don Alonso se metió

predicador en la Mata.

Siete años serví al Rey

siete sin ser en campaña

siete me he de meter monja

al convento Santa Clara.

 - ¡Oh! quién lo hubiera sabido

que eras tan linda muchacha…

no te hubieras tú venido

con tanta honra a tu casa.

Ya camina el regimiento

caminan para llevarla

a meterla en un convento

tiran tiros y descargas.

*También "Acetre", uno de los grupos más emblemáticos dentro del panorama folk de Extremadura, recoge entre su repertorio de canciones este bello romance popular "El Mercader de Zafra" en su álbum "Arquitectura Rayanas"

LA LEYENDA DE LEONARDA

Leonarda nació en Zafra, en una familia de buena posición. La niña crecía bella y mimada por sus padres, don Antonio y doña Juana. A los 15 años lucía una gran belleza y sus padres creían que había que destinarla a un buen partido para casarla, como eran entonces los poderosos mercaderes de la Plaza Grande. Pero las intenciones de Leonarda eran otras. Se consideraba aún pequeña para el matrimonio y se negó a este plan de sus padres. Además, Leonarda ya tenía puestos sus ojos en un muchacho de Atalaya, un pueblo cercano a Zafra. Los dos jóvenes se habían prometido y sus citas eran frecuentes, todas las noches iba a verla a su ventana. 

El pudiente mercader, con el que sus padres planearon su boda, al enterarse del amorío con este joven se sintió despreciado por Leonarda e intentará deshacerse de su rival, matándolo. Leonarda al saberlo, como leona herida, se rebela y sale en busca del mercader por toda la ciudad, vestida de hombre y montada a caballo. Cuando consigue encontrarlo en la puerta de su casa le dispara con un arma. 

La muchacha, después de su venganza, huye vestida de hombre a Llerena. Allí se pone a trabajar con un comerciante, sin revelar que era una mujer. El comerciante le regala un traje que resaltaba la belleza de la joven, hasta el punto que enamoraba a todas las mujeres, incluso a la esposa de su jefe. Estando un día en su casa, durmiendo la siesta, ésta se le acercó a la cama y Leonarda ruborizada tuvo que enseñarse sus atributos de mujer para espantarla, mostró sus pechos blancos y la otra embelesada. Seguidamente huyó por la ventana y de allí se fue a Badajoz. 

Siguió pasándose por hombre y conoció a unos soldados ingleses, que también quedaron embelesados, al verlo tan valiente pensaron que era Capitán y se unió a su regimiento. Al tiempo, los soldados marchan a Zafra y ella con ellos. 

En su ciudad natal pide alojamiento en su casa. (Era normal que los soldados se alojaran en casa de la gente del pueblo). Estando un día comiendo, la patrona no hacía más que mirarla y reconoció las facciones de su hija. ¡Esos dos hermosos ojos son de mi hija Leonarda! La hija se descubre y la madre se desmaya. La hija pregunta a la madre por don Alonso, su antiguo novio, y esta le cuenta que sobrevivió a las puñaladas del pudiente mercader y que al ver que ella se había marchado se hizo predicador en otro pueblo. 

Al enterarse que ha perdido a su amado decide dejar el ejército y procesar como monja de clausura en el convento de Santa Clara. ¡Siete años serví al Rey, siete me he de meter monja! 

Los compañeros del regimiento al advertir que era una muchacha comentaban que de haberlo sabido no hubiera venido con tanta honra a su casa. Y la despidieron en la puerta del convento entre tiros y descargas.

Aquí termina la historia de la bella Leonarda. ¡A mí me entusiasma!

Nuria Biosca